Blog conmemorativo para el espacio que se dedicó a analizar, comentar y orientar al lector sobre temas jurídicos venezolanos de interés general. Este blog se originó desde el programa radial del mismo nombre creado en 1985 en Radio Difusora cultural del Táchira. Se transmitió semanalmente, los días Sábado, por Radio Noticias 1060 A.M. y por Ecos del Torbes en San Cristóbal, Edo. Táchira, Venezuela.
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domingo, 28 de mayo de 2017
lunes, 15 de mayo de 2017
Venezuela dejó de ser República
Etiquetas:
abuso de poder,
Bien Común,
Constitución de Venezuela,
Derecho Constitucional,
Igualdad,
pluralismo,
Regímenes Políticos,
República,
Separación de poderes
Publicado por
Isaac Villamizar
Isaac Villamizar
Profesor de
Postgrado de Derecho Constitucional
San Cristóbal, 15 de mayo de 2017
San Cristóbal, 15 de mayo de 2017
Aristóteles en “La Política”, aseguraba que “no
basta imaginar un gobierno perfecto; se necesita, sobre todo, un gobierno practicable”.
En Venezuela, este gobierno ni es perfecto, ni se practica. Desde hace rato hay
una absoluta ingobernabilidad. Antes, podíamos decir que la ausencia de
gobierno se manifestaba en el pueblo, en la ciudadanía, pero es evidente que el
mismo gobierno no puede en la práctica operar. Y ello es así, porque está única
y exclusivamente dedicado a mantenerse férreamente en el poder, sin atender en
lo más mínimo los requerimientos que están matando de hambre, zozobra y
angustia a toda la población. Al colocar todos sus recursos y sus fuerzas, cuyos
pertrechos se le van acabando, en ese propósito de mantenerse en Miraflores y
Fuerte Tiuna, con el más profundo y mayoritario rechazo de los venezolanos, este
gobierno realmente en la práctica ha acabado con el régimen político denominado
“República”.
¿Qué es un régimen político? Es la manera de ser política de un pueblo. Se
trata del ordenamiento real de sus poderes constitucionales y sociales, que queda
plasmada en la Carta Magna y sus leyes y el modo de aplicarlas o modificarlas. En un régimen político existen una serie de
condicionamientos en un conjunto de interacciones políticas, y se compone de
valores, normas y estructuras de autoridad. Un régimen político da respuestas a
las preguntas ¿Cuáles son las formas de lucha por el poder y cómo se llega a él?
¿Cómo se ejerce el poder? ¿Quién lo ejerce? ¿El poder lo tiene uno, un grupo, o
todos?
Ahora bien, una República, como régimen político, se
fundamenta primordialmente en el imperio de la ley y la igualdad ante ella. ¿Cuáles
son las características de una auténtica República? Primero, la soberanía
reside en el pueblo, que lo delega transitoriamente en sus representantes. En
Venezuela, la soberanía popular hace rato fue arrebatada y ultrajada por los
órganos del Poder Público, especialmente el Ejecutivo, el Judicial y el
Electoral. Y lo han robado para hacer dictador a uno sólo, quien lo ejerce de
manera omnímoda, aferrándose a ese poder
a costa de la violación de derechos humanos y hasta de asesinatos al pueblo
soberano. De tal manera que la alternabilidad y el pluralismo, esencia de la
Republica, son inexistentes. Segundo, el imperio de la ley es sagrado. Tanto la
comunidad política, que ha legitimado a los poderes constituidos para producir
las normas, como esos órganos de poder se someten estrictamente a la Constitución
y la ley. Los ciudadanos en Venezuela han sido mancillados, porque los poderes
han usado la norma, no sólo para tergiversarla intencionalmente, con el fin de
perpetuarse en el poder, sino como un mecanismo para perseguir a los disidentes
y a quienes no se someten a sus oscuros designios. Tercereo, en un régimen
republicano no falta la separación de poderes. Ellos están distribuidos y
limitados en sus competencias, pero todos actúan integradamente en función del
bien común. Esto busca equilibrar y controlar el poder, evitando abusos por
parte de quien lo detenta. En Venezuela el poder está concentrado y es ejercido
sin limitación por un dictador, yo diría por un tirano, que da instrucciones de
actuación a los otros poderes, de tal forma que representante de esos poderes
sumisos que no obedezca es execrado, perseguido y encarcelado. Cuarto, los
cargos tienen una periodicidad, porque como dijo Bolívar, nada es tan peligroso
como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder, porque el
pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo. En Venezuela,
el Poder Electoral se ha dedicado a impedir tanto el revocatorio presidencial
como las elecciones periódicas, pretendiendo, junto con el TSJ, justificar el
alargue indefinido del ejercicio de cargos.
Quinto, los funcionarios políticos que ejercen el poder tienen
responsabilidad penal, administrativa y civil por los actos que atenten contra
el ordenamiento jurídico y los derechos humanos. Es evidente que el Poder Ciudadano, o “Consejo
Moral Republicano” ha mandado a la basura la moral que debe prevalecer en la
función pública y ha sido cómplice de los mayores y deshonrosos actos de
corrupción con los dineros petroleros más profusos que en la historia venezolana
ha entrado a la Tesorería Nacional.
Finalmente, en una república, es una premisa la
práctica del respeto y de la tolerancia hacia todas las ideas políticas. En
Venezuela, los pocos que apoyan este gobierno, quienes han sembrado y practicado
el odio, están recogiendo tempestades, porque hasta los venezolanos en el
exterior no tienen ya miedo de reclamarle públicamente a los funcionaros diplomáticos
y políticos que usufructan bienes robados de las arcas nacionales su desverguenza
y su perversión.
Ya no somos ni
república, ni mucho menos bolivariana (bien alejada de las ideas del Libertador),
y si continúa este régimen con sus desmanes, ya no tendremos a Venezuela,
porque quedará dominada por otro régimen forajido y ultrajante de los derechos
humanos como es el cubano.
domingo, 14 de marzo de 2010
Fuera de mi jurisdicción
Etiquetas:
abuso de poder,
Derechos Humanos,
jurisdicción,
usurpación de poder
Publicado por
Isaac Villamizar
Isaac Villamizar
En el final de la película “De Ladrón a Policía”, el actor Martin Lawrence, que hace el papel de Miles Logan, un robador de joyas, al ser descubierta su verdadera identidad, se encuentra en plena frontera entre Estados Unidos y México. La línea divisoria hace que sus compañeros policías le indiquen que no pueden detenerlo porque está fuera de jurisdicción. Y con ello, los agentes no se atreven a dar ni un paso para aprehender al rufián. Esto me hace recordar cómo la jurisdicción de los venezolanos nos ha sido violada a placer por la autoridad.
En el sentido de demarcación, la jurisdicción es el poder o la autoridad que se tiene para gobernar y, más concretamente, el territorio al que se extiende. Con esa acepción, podemos asegurar, tajantemente, que nuestra jurisdicción individual ha sido penetrada como le provoca al gobierno. Una Constitución que fue promulgada para garantizar los derechos privativos de los ciudadanos, es omitida en su respeto y más bien vulnerada de manera indómita. El Presidente de la República, quien está obligado por el artículo 232 constitucional a procurar la garantía de los derechos y libertades de los venezolanos, es el primero que invade nuestra jurisdicción. Nuestro espacio de armonía, de tranquilidad y de dominio personal y familiar, lo irrumpe con sus acciones, causándonos un gran desasosiego permanente. Lo primero es tratar de imponernos una ideología comunista añosa y periclitada, que no está en consonancia con el auténtico sentir y requerimiento de la nación. Luego, quiere encadenarnos a sus fofas peroratas, intentando meternos su vocinglería e imagen a nuestras pantallas y receptores de radio, a como dé lugar, incluso, a costa de la eliminación de medios no sumisos. También quiere disponer a su antojo de nuestros bienes particulares, al demarcar con su vista y orden expropiatoria, cual Real Cédula, los bienes públicos, usurpándonos la esfera privada de nuestro patrimonio.
Si hablamos de la Asamblea Nacional, ésta ha sido la gradería para aplaudir tales desmanes, legislando inconstitucional e ilegalmente, para darle supuestos visos de legitimidad a tanto desafuero. Capítulo deplorable aparte en este exceso institucional merecen el Poder Judicial y el Ministerio Público, que han trastocado la exégesis, para convertirse en instrumento de ataque y persecución a la disidencia y para infligir lesión mortal, “en nombre de la República y por autoridad de la ley”, a los derechos constitucionales de libertad personal, respeto a la integridad física, psíquica y moral, inviolabilidad de las comunicaciones, debido proceso y derecho a la defensa, libre tránsito, libre expresión de pensamiento, comunicación plural, vida privada e intimidad, y manifestación pacífica.
En conclusión, este régimen ha cometido las tropelías más grandes en el traspaso de límites de nuestros derechos personalísimos. Pero llegará el momento – como siempre se ha dado en la oportunidad histórica mundial - de rescatar el fuero personal, la quietud para nuestra morada y dominio de los pensamientos, derechos e intereses propios y familiares. Será cuando le podamos asegurar al imperio del abuso: “Estas fuera de mi jurisdicción”.
En el final de la película “De Ladrón a Policía”, el actor Martin Lawrence, que hace el papel de Miles Logan, un robador de joyas, al ser descubierta su verdadera identidad, se encuentra en plena frontera entre Estados Unidos y México. La línea divisoria hace que sus compañeros policías le indiquen que no pueden detenerlo porque está fuera de jurisdicción. Y con ello, los agentes no se atreven a dar ni un paso para aprehender al rufián. Esto me hace recordar cómo la jurisdicción de los venezolanos nos ha sido violada a placer por la autoridad.
En el sentido de demarcación, la jurisdicción es el poder o la autoridad que se tiene para gobernar y, más concretamente, el territorio al que se extiende. Con esa acepción, podemos asegurar, tajantemente, que nuestra jurisdicción individual ha sido penetrada como le provoca al gobierno. Una Constitución que fue promulgada para garantizar los derechos privativos de los ciudadanos, es omitida en su respeto y más bien vulnerada de manera indómita. El Presidente de la República, quien está obligado por el artículo 232 constitucional a procurar la garantía de los derechos y libertades de los venezolanos, es el primero que invade nuestra jurisdicción. Nuestro espacio de armonía, de tranquilidad y de dominio personal y familiar, lo irrumpe con sus acciones, causándonos un gran desasosiego permanente. Lo primero es tratar de imponernos una ideología comunista añosa y periclitada, que no está en consonancia con el auténtico sentir y requerimiento de la nación. Luego, quiere encadenarnos a sus fofas peroratas, intentando meternos su vocinglería e imagen a nuestras pantallas y receptores de radio, a como dé lugar, incluso, a costa de la eliminación de medios no sumisos. También quiere disponer a su antojo de nuestros bienes particulares, al demarcar con su vista y orden expropiatoria, cual Real Cédula, los bienes públicos, usurpándonos la esfera privada de nuestro patrimonio.
Si hablamos de la Asamblea Nacional, ésta ha sido la gradería para aplaudir tales desmanes, legislando inconstitucional e ilegalmente, para darle supuestos visos de legitimidad a tanto desafuero. Capítulo deplorable aparte en este exceso institucional merecen el Poder Judicial y el Ministerio Público, que han trastocado la exégesis, para convertirse en instrumento de ataque y persecución a la disidencia y para infligir lesión mortal, “en nombre de la República y por autoridad de la ley”, a los derechos constitucionales de libertad personal, respeto a la integridad física, psíquica y moral, inviolabilidad de las comunicaciones, debido proceso y derecho a la defensa, libre tránsito, libre expresión de pensamiento, comunicación plural, vida privada e intimidad, y manifestación pacífica.
En conclusión, este régimen ha cometido las tropelías más grandes en el traspaso de límites de nuestros derechos personalísimos. Pero llegará el momento – como siempre se ha dado en la oportunidad histórica mundial - de rescatar el fuero personal, la quietud para nuestra morada y dominio de los pensamientos, derechos e intereses propios y familiares. Será cuando le podamos asegurar al imperio del abuso: “Estas fuera de mi jurisdicción”.
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