viernes, 1 de mayo de 2009

NO SOMOS IGUALES

ISAAC VILLAMIZAR
Buda en su lucha contra el sistema de castas pregonaba que todos los hombres son iguales. Todos los hombres se enfrentan a los mismos retos y deben tratar de seguir el mismo camino. David, Jesús y Mahoma, con el mismo arraigo, enseñaron que todos los hombres y mujeres se enfrentan a los mismos obstáculos y todos ellos pueden ganar el reino de los cielos si lo buscan con amor en sus corazones. Contrariamente, la doctrina de Confucio implica que los hombres son intrínsecamente desiguales y que esa diferencia se manifiesta en la mayor o menor comprensión de ciertos textos escritos. Sócrates creía que no había forma de saber si un hombre o mujer era superior o inferior a otro antes de una serie de exámenes que debían basarse en idénticas oportunidades de acceso a la educación. El resultado superior, según el filósofo, era el producto de un mayor esfuerzo, como en una habilidad o inteligencia óptima.
La Declaración de Jefferson aseguraba que todos los hombres no sólo son creados iguales, sino que también están dotados de una serie de derechos inalienables, es decir, que nada puede arrebatárserlos, a pesar de que alguien, con el poder suficiente, pueda ignorarlos o pisotearlos. La Declaración Francesa de los Derechos del Hombre y del Ciudadano adoptó que los hombres nacen, y siguen siendo siempre, libres e iguales en cuestión de derechos. Los derechos no existen hasta que quedan plasmados en la ley. Esta declaración francesa es una expresión indirecta del principio de que la base de toda la sociedad civil es el imperio de la ley. Paradójicamente, la ley regula los derechos a la individualidad o identidad, dentro de los derechos de la personalidad, aceptándose que toda persona tiene un interés legítimo en afirmarse como individualidad distinta de las demás, siendo los signos distintivos de la identidad, como el nombre civil, el seudónimo o el sobrenombre, claro reflejo de ello, con importantes consecuencias jurídicas.
La democracia se basa en la igualdad. Esta es la idea que alimenta todas las revoluciones ideológicas. La igualdad política asegura el derecho al voto para todos los electores y la posibilidad de acceder en las mismas circunstancias al poder. La igualdad económica persigue una distribución más equitativa de la riqueza, de modo que todos tengan lo bastante como para vivir decentemente, y una equidad casi absoluta en oportunidades.
En realidad no somos iguales. Las democracias occidentales, con la igualdad política, han permitido que los países no sean gobernados por el pueblo, sino por minorías irresponsables e indiferentes, que se denominan a sí mismas con diversos títulos grandilocuentes y fraudulentos, como padre del pueblo, presidente de la revolución, emperador vitalicio, presidente de la junta, comandante de la revolución, duce, fuhrer, o lo que sea. Esta minoría, en deformación de la igualdad, se ha convertido en totalitarismo, sólo preocupado por el poder y de un espurio sentido del honor nacional. Es una enfermedad de gobierno, una influenza, que se ha propagado por la rápida expansión de la igualdad en los dos siglos transcurridos desde la Revolución Francesa. Y en caso de proclamarse mayoría, ésta - por grande que sea - no tiene derecho a matar a los que no están de acuerdo con ella. Es una tiranía brutal, donde el pueblo no ha reinado jamás en un Estado de esta naturaleza. Sin embargo, las democracias las han aceptado y con ello han puesto en duda razonable que todos los hombres y mujeres son tratados iguales, con las mismas oportunidades políticas, sociales y económicas.

IMPRECACIONES DEL INFIERNO

* ISAAC VILLAMIZAR
Los medios de comunicación radioeléctricos tienen una alta responsabilidad en la formación de la ciudadanía. Así lo contempla el artículo 108 constitucional. Así también lo ratifica el artículo 1 de la Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión. Es más, en este propósito hay una responsabilidad compartida que tienen, entre otros, los medios, los productores nacionales independientes y los usuarios, según esta misma norma. Uno de los objetivos generales de esta ley, que regula la difusión y recepción de mensajes radiofónicos, contempla promover el efectivo ejercicio y respeto de los derechos humanos, en particular, los que conciernen a la protección del honor, vida privada, intimidad, propia imagen, confidencialidad y reputación y al acceso a una información oportuna, veraz e imparcial. En virtud de ser una audiencia sensible, la Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión procura la difusión de información dirigida a los niños y adolescentes, encaminada al desarrollo progresivo y pleno de su personalidad, el respeto a los derechos humanos, y a formar de manera adecuada conciencia social, de paz y tolerancia. Así expresamente lo postula el artículo 3 de este texto normativo.
Por otra parte, la Ley Resorte prohíbe que en horario Todo Usuario, hasta las 7 pm, y en Horario Supervisado, hasta las 11 pm, se divulguen mensajes y programas que contengan elementos de lenguaje que en su uso común tengan carácter soez y que constituyan imprecaciones, así como que aludan a manifestaciones escatológicas. El DRAE describe como soez aquello que es bajo, grosero, indigno y vil. El mismo diccionario agrega que imprecar es proferir palabras en que se expresan el vivo deseo de que alguien sufra un mal o daño. Agrega que escatológico es lo relativo a postrimerías de ultratumba o más allá de la muerte. En cuanto a la responsabilidad delictual, el Código Penal agrava la difamación e injuria cuando las ofensas al honor, reputación y decoro de una persona se cometen en un medio público.
En el principal canal televisivo del gobierno – menos mal que no es de todos los venezolanos – en programas de opinión, durante horarios todo usuario y supervisado, se profieren expresiones hirientes, ofensivas a la dignidad personal, a la condición humana. Teniendo frente a la pantalla a niños y adolescentes, se expresan términos groseros, deformantes de la adecuada formación ciudadana y del edificante crecimiento de la personalidad de los infantes. Es un lenguaje que llama al daño, al odio, a la muerte, a la quema en las más horribles pailas del infierno, al pecado más mortal del alma más escatológica de Lucifer. Es un habla que promueve la intolerancia a la disidencia y a la crítica de la acción oficial. Es un parloteo agraviante, difamante e injurioso, que no encuentra límite alguno a su espíritu del averno.
Entonces la pregunta es obvia: ¿De cuál cierre de medios televisivos se está hablando? ¿Por qué el Directorio de Responsabilidad Social y Conatel se hacen los sordos, ciegos y mudos ante tanto vómito irrefrenable? No está lejos el infierno. Lo tenemos en la pantalla encendida. Brotando de allí rayos y centellas. No en vano el ensayista y poeta peruano Manuel González Prada aseguró que “¡Corazones hay tan yertos! ¡Almas hay que hieden tanto! Para verme con los muertos, ya no voy al camposanto.” * Abogado y Locutor

CEREBRO VULCANO

En la serie original Viaje a las Estrellas se conoció a un ser lleno de conflictos y dolorosas contradicciones. Proveniente del ficticio planeta Vulcano, Mr. Spock poseía una enorme capacidad intelectual y unos inamovibles condicionamientos culturales, el mayor de los cuales era la total imposibilidad de mostrar sus sentimientos en público. Hijo del vulcano Sarek y de la humana Amanda, nacido en Vulcano en 2230, Spock estuvo siempre marcado por la naturaleza mestiza de su carácter. Su vida fue una reafirmación constante, un sendero de desafíos autoimpuestos, un arduo camino jalonado por duras e irresueltas luchas interiores. En su infancia, dado su origen vulcano-humano, fue sometido - y lo hizo a sí mismo – a duras pruebas de valor y supervivencia, para elegir por el resto de su vida a una de las dos culturas que habían marcado su nacimiento. Los vulcanos, raza humanoide, basaban su vida en la razón y la lógica. Sin embargo, los orígenes del planeta los recuerda como una raza apasionada y violenta, incluso más que los humanos, pero que, con una nueva filosofía del despertar, y con la adopción de la lógica, la meditación y la supresión de emociones, lograron formar una sociedad próspera y avanzada en tecnología. Para ser una raza sumamente lógica, los vulcanos realmente tenían una creencia espiritual muy firme. Siendo una sociedad que no parecía tener una religión dominante, creían en el katra, alma que podía transferirse de una persona a otra antes de la muerte. Spock, proclamado vulcano, sufre un conflicto interno entre la razón y la lógica de su mitad vulcana, y la emoción e intuición de su mitad humana.
La humanidad vive hoy una feroz lucha de imposición de cerebros. Los hemisferios Logistikon y Nous de Platón están enfrentados. En la efervescencia de la era científica y los albores de la del conocimiento, hay un bando del intelecto, de la abstracción, del análisis, del cálculo, del pensamiento lineal, secuencial y objetivo, de los detalles y de las partes del todo. El accionar de esta facción es directo, vertical, realista, frío, poderoso y dominante. Su artillería son los hechos, las palabras, el lenguaje, el presente y el pasado, la matemática y la ciencia, basada en lo práctico y seguro. Su estrategia ofensiva es la atención focalizada, control del tiempo, planificación, ejecución, toma de decisiones y memoria a largo plazo.
El otro contingente de esta pugna es el de la intuición, la complejidad, la invención, el arte, el misticismo y la sumisión. Es la tropa del pensamiento divergente, imaginativo, no lineal, metafórico, subjetivo, flexible, basado en fantasías, impetuoso y riesgoso Su escudo es integrador, con facultades viso-espaciales, especializado en sensaciones, sentimientos, prosodia, presente y futuro, capaz de concebir las estrategias y situaciones de una forma total, orientado a ver el panorama general, integrando, sintetizando varios tipos de elementos y data.La humanidad descubre, alcanza, progresa, ingenia, produce, utiliza y ambiciona calidad de vida. La humanidad siente, enferma, padece, ambiciona un ser ético-espiritual lleno de trascendencia, virtudes, valores, principios y emociones. Cómo Mr Spock, la humanidad se reafirma, recorre el universo, desbordando el presente inmediato y entrando en una dimensión diferente, alimentada de sus pugnas y desacuerdos.

domingo, 5 de abril de 2009

JUECES DEL TERROR

Se puede vivir sin belleza, sin riqueza y hasta sin salud. Se vive mal, pero se vive. Sin justicia no se puede vivir. Angel Ossorio. El Alma de la Toga.

Hay dos instituciones sobre las que, cuando pase esta pesadilla y se restituya el Estado de Derecho, habrá que hacer un análisis crudo, una reingeniería, una revisión profunda y objetiva acerca de sus valores éticos, su proceso formativo y su compromiso con la democracia. Son la Fuerza Armada Nacional y el Poder Judicial. Mientras tanto, al decir de Albert Einstein, disfrutemos de la bendición de esta crisis.
El Estado actualmente no puede garantizar una justicia imparcial, idónea, transparente, autónoma, independiente, responsable, equitativa y expedita, tal como lo postula el artículo 26 constitucional. En el Poder Judicial, con excepción de contados estrados judiciales, no se encuentra ni la justicia en su concepción tradicional o kelseniana, ni la justicia en su concepción revolucionaria, como producto de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de la Revolución Francesa. De la justicia venezolana no florece la verdad y la sinceridad, ni tampoco la justicia de la libertad, la justicia de la paz, la justicia de la democracia y la justicia de la tolerancia. También están divorciados de nuestra justicia los principios éticos, morales y jurídicos que fundamentan el fin supremo del respeto y adecuado ejercicio de los derechos individuales y colectivos. Ello es así porque, sencillamente, la Política ha influido en la Justicia, perturbándola, desquiciándola, deprimiéndola. El Foro se amedrentó con la Política, arrinconándolo hasta el punto de hacerlo pensar que nada valía si no era por la sombra que sobre él proyectan los demás poderes. Quedó suprimida la jerarquía del Poder Judicial, caracterizada por su autonomía, independencia e inamovilidad, y apareció sustituida por el grado espeluznante de la intervención del resto de los poderes.
Cómo si esto no fuera ya de por sí aterrador, se le adicionó el desprecio de la administración de justicia por la Deontología Jurídica, especialmente por la Ética Judicial. El Juez, investido de la potestad jurisdiccional, derivada de la soberanía del Estado, y supuestamente preparado para resolver una controversia o decidir el destino de un imputado, tomando en cuenta las evidencias presentadas en juicio y actuando como intérprete legal por excelencia, se vio sometido en su actuación por las presiones que la realidad ejerce sobre él. Es así como se descubre y se sabe – y de allí la ventaja de esta crisis judicial – de qué tamaño y cuán sólidos son los valores éticos del magistrado. No otra explicación tiene el comportamiento, traducido en dispositiva de sentencia dictada “en nombre de la República y por autoridad de la ley”, de una jueza que, vulnerando todos los derechos fundamentales y procesales de imputados, y obviando toda regla de valoración de la prueba, pronuncia un absurdo jurídico, que se vuelve posible cuando actúa como instrumento de persecución política y de represión de disidencia.Sólo así se entiende que una magistrada, adiestrada en “El papel del Juez en el Proceso Penal”, en “Derecho Penal y Constitución” y en “Los Derechos Humanos en el nuevo Proceso Penal venezolano”, se haya convertido en una Jueza del Terror.

martes, 10 de febrero de 2009

NO HAY NADA QUE ENMENDAR

ISAAC VILLAMIZAR
No hay nada que enmendar. Nuestra Constitución, en cuanto a reelección de cargos de elección popular se refiere, está correcta. No hay nada que corregir. Un período presidencial inicial, con la posibilidad de una reelección definida, temporal, cierta en su término, es lo adecuado al sistema republicano que tenemos y al régimen de democracia que nos es propio. Con la Constitución de 1999, se refundó una República, con la esperanza de un cambio, lo que aún - en cuatro años venideros - espera el pueblo.
No hay nada que enmendar. No es lo conveniente a la patria la reelección continua, la reelección indefinida, la reelección sucesiva, la postulación permanente de candidatos o como se le quiera llamar. Es lo mismo. No hay que enmendar porque los jóvenes, los líderes de la comunidad, nuestros hijos, nuestros nietos, tienen igual derecho a ser Presidente, Gobernador, Alcalde o Diputado. No hay nada que enmendar, porque el pueblo es el titular de la soberanía, el dueño del destino del país. No hay nada que enmendar porque el futuro de la Nación no se construye con una idea única, con un solo pensamiento, con un mismo proceder. No hay nada que enmendar, porque el pueblo es sabio, y no es el que ha cometido errores. Quien debe enmendar, quien debe corregir, quien debe cambiar, quien debe reparar, quien debe rectificar, quien debe mejorar, quien debe revisar, es el Presidente de la República, que ha tenido, como nadie, la ocasión de llevarnos en 10 años a niveles de altísima prosperidad, de calidad de vida envidiable a nivel mundial, de prosperidad, de salud inmejorable, de desarrollo humano espléndido, pero que con el dispendio más grosero de los colosales ingresos de dólares que ha tenido Venezuela, nos ha conducido a la miseria, a la desigualdad, a la pobreza, al abandono, a la inequidad, al odio entre hermanos.
Haré la cola, sin cansancio alguno, las veces que sea necesario, para votar por la defensa, la preservación, la restitución, la garantía de cumplimiento de la Constitución vigente. Es el deber que me impone mi conciencia y también la Carta Magna, en su artículo 333, cuando me pide, como ciudadano, mi cuota parte para restablecer su efectiva vigencia. Lo haré también para decirle al Presidente de la República, con el ejercicio del voto, del mecanismo del referendo como democracia participativa, que él también, conforme los artículos 232 y 236 constitucional, está obligado a respetar la dignidad de las personas, a procurar la garantía de los derechos y libertades de los venezolanos, y a cumplir y hacer cumplir esa Constitución que fraudulentamente pretende enmendar.
Me haré acompañar hasta la máquina, como lo he hecho en los últimos procesos electorales, de mi menor hija de 6 años, para enseñarle, una vez más, que estoy luchando por su porvenir, que estoy comprometido a dejarle - con mi opinión que decide, con mi concurrencia a la jornada referendaria - un país en paz, en tranquilidad, con seguridad personal, social e integral, con estabilidad laboral, con buenos servicios públicos, con una educación de calidad y con oportunidades de progreso.
He hecho la cola en el banco, en el supermercado, en la gasolinera, en el estadio, en el concierto. Por Venezuela, por su destino y por mi familia, esta vez estaré en la fila el 15 de febrero como el más responsable de sus ciudadanos. Y al final del camino habré dicho: ¡no hay nada que enmendar!

REPUBLICA Y REELECCION INDEFINIDA

ISAAC VILLAMIZAR
El reconocido abogado constitucionalista Gerardo Fernández, en El Universal del 24 de junio de 2007, declaró: “Es difícil conseguir en el mundo un presidente democrático que haya cambiado dos veces la Constitución. La reelección presidencial indefinida atenta contra un principio básico contenido en el artículo 6 de la actual Constitución: la alternabilidad, porque desde el poder mismo se desarrollan los controles institucionales para permanecer en él indefinidamente. En el continente no hay una sola Constitución democrática que acepte al reelección indefinida, limitada, en ciertos casos, a un período, porque ésa es la única forma de prevenir el mal histórico de las dictaduras constitucionales.”
La doctrina del Derecho Constitucional define la forma de gobierno como la estructura que en cada país adopta el conjunto de órganos que ejercen las funciones soberanas. La forma de gobierno concierne a la manera de composición de los órganos en quienes está radicada la potestad suprema de dirección del Estado, que para conocerse basta con revisar la Constitución política de cada Estado. Desde los filósofos griegos, pasando por Montesquieu y Rousseau, hasta llegar a Kelsen, Jellinek y Dabin, se ha hablado de dos formas básicas de gobierno: Monarquía y República. En aquélla, la forma de gobierno la ejerce una sola persona; supone que el gobierno del Estado está dirigido por una sola voluntad: el monarca, en quien descansa la dirección suprema y jurídicamente están concentradas las atribuciones de representar el Estado. En ésta, la forma de gobierno, la titularidad del poder supremo, corresponde a un cuerpo colegiado (órgano multipersonal), que ejerce funciones de mando en representación de la sociedad política (los gobernados). En la República la sociedad no transfiere el poder público a los titulares de la función de gobierno, sino que aquélla (sociedad), siempre permanece soberana al auto gobernarse por medio de órganos que son delegados para el desempeño temporal de la gestión gubernamental.
La gobierno de gobierno republicana tiene cinco características esenciales: 1) La función suprema de gobierno recae en varios sujetos titulares (sujetos del poder público); 2) Los titulares de la función de gobierno no actúa por poder propio, sino en virtud a un poder delegado por los gobernados, titulares siempre de la soberanía; 3) Los titulares de la función de gobierno ejercen la gestión gubernamental temporalmente, lo que indica que su mando fenece o es revocable. 4) Los titulares del poder gubernamental son responsables de su gestión ante la sociedad (gobernados), por ser delegados de una soberanía ajena; 5) Todos los ciudadanos tienen, por igual, derecho a ocupar las supremas magistraturas, a ocupar funciones del poder público. Sin estas características no existe República.Venezuela, en el primer artículo de la Constitución, en sus primeras palabras escritas, se define como republicana. “La República Bolivariana de Venezuela es irrevocablemente libre e independiente…” En consecuencia, una enmienda constitucional para la reelección presidencial indefinida altera la característica republicana de Venezuela, su esencia como forma de gobierno. De aprobarse ella, en el texto constitucional quedaría una gravísima distorsión de su forma y filosofía de gobierno; sería un atentado mortal a la estructura fundamental del Estado y la Constitución. Y, tal como lo afirmó el constitucionalista Gerardo Fernández, se instauraría en Venezuela una dictadura constitucional.